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¿Cuál es el valor de diez mil talentos y cien denarios de la parábola de Mateo 18, según los actuales estándares monetarios?

El "denario" y el "talento" eran unidades monetarias en los tiempos del Nuevo Testamento. Un denario era una moneda de plata romana que pesaba alrededor de 4 gramos, el salario diario de un obrero común o soldado (Mt. 20:1-2). Un talento era una unidad de peso de oro o plata, que pesaba cerca de 33 kg, variando de 20 a 40 kg.

Cuando comparamos el valor de cien denarios con el de diez mil talentos, podemos comprender lo enorme que es la gracia de Dios dada a nosotros, y qué pequeños son los errores de nuestros hermanos y hermanas. Ahora, veamos la parábola escrita en Mateo 18.

Mt. 18:21-27 『Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.』

Un talento es igual a 6.000 denarios, que le tomaría a un peón ordinario ganar durante 6.000 días (16 años). Convirtamos esto en dólares americanos; si asumimos un salario diario promedio de 100 dólares, serían unos 600.000 dólares. Dado que un talento es una cantidad tan grande de dinero, ¿cuánto valen diez mil talentos, equivalentes a aproximadamente 60.000.000 denarios? ¡Es una tremenda cantidad de dinero, que vale alrededor de 160.000 salarios anuales!

A través de la parábola anterior, podemos conocer el hecho de que éramos los pecadores que cometieron graves pecados contra Dios, como el siervo que adeudaba al rey diez mil talentos, que no podía volver a pagar por su propia fuerza o habilidad.

Teniendo piedad sobre nosotros, Dios perdonó nuestros tremendos pecados sin ninguna condición.
Dios quiere que perdonemos los errores de nuestros hermanos y hermanas con amor, así como él ha perdonado nuestros pecados. Los errores de nuestros hermanos y hermanas no son nada comparados con nuestros pecados que son tan grandes como una deuda de diez mil talentos. La Biblia describe al que no perdona los errores de su hermano como un siervo malo que maltrata a su consiervo que le debe cien denarios, a pesar de que él mismo fue perdonado de la tremenda deuda de diez mil talentos.

Mt. 18:28-30 『Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.』

Él fue perdonado de su deuda de diez mil talentos, una enorme cantidad de dinero que le habría tomado 160.000 años ganar, tiempo en el que no habría podido gastar un solo centavo a fin de pagar su deuda. No obstante, no perdonó al que le debía solo cien denarios, igual a un salario de 100 días. Fue un malagradecido y nada misericordioso.

Mt. 18:31-34 『Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.』

El siervo que no perdonó a su consiervo que le debía cien denarios, finalmente fue puesto en prisión. Esta parábola nos enseña cómo nosotros, que hemos recibido tremenda gracia de Dios, debemos tratar a nuestros hermanos y hermanas.

Mt. 18:35 『Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.』

Todos nosotros somos pecadores imperfectos en muchos aspectos, y estamos siendo perfeccionados juntos. En el proceso, podríamos experimentar discordias con nuestros hermanos y hermanas o sentirnos celosos entre nosotros, debido a las impurezas de nuestros pecados cometidos en el cielo y nuestras impurezas del mundo. Sin embargo, si comprendemos el perdón de pecados que hemos recibido de Dios, los errores o las culpas de nuestros hermanos y hermanas son realmente nada. Todos los errores y culpas de los hermanos y hermanas, que han recibido las promesas de Dios a través del nuevo pacto, son siempre perdonables. Cuando cubrimos los errores de nuestros hermanos y hermanas con una mente amplia, podemos pedir a Dios que también nos perdone.

Mt. 6:9-13 『Vosotros, pues, oraréis así: […] Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.』

Es necesario alcanzar la hermosa unidad entre los hermanos y hermanas que viven en Sion, en esta época en que el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar (1 P. 5:8). Donde hay discordia, el diablo ve la oportunidad de atacar, pero donde hay armonía, él no tiene oportunidad de atacar.

Cuando la queja y el odio surgen en nuestros corazones, recordemos la Lección de la Madre, que despierta nuestras almas. Cuando cubramos los errores de nuestros hermanos y hermanas con una mente amplia como el mar, lograremos la verdadera unidad que complace a Dios.

"Como el mar recibe toda la suciedad y la purifica, así también el gran corazón que, como el mar, abraza los errores de los hermanos y hermanas, es el corazón más hermoso." (De "La Lección de la Madre".)

2011.07.18
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